martes, 14 de julio de 2026

En memoria del Dr. Paolo Lugano Poletti

No llores porque ya se terminó, sonríe porque sucedió. ~ Gabriel García Márquez.

En 2013 acababa de graduarme de ingeniero civil. Como les ocurre a tantos jóvenes que no cuentan con un padrino, contactos profesionales o influencias, el panorama laboral que encontré al salir de la universidad fue profundamente desalentador.

Pasé por grandes decepciones. No conseguía empleo en mi área y muchos de los amigos que ya estaban trabajando comenzaron a mostrarse distantes. Incluso encontrar un puesto como recepcionista en un hotel se había convertido en una proeza. También intenté conseguir trabajo en centros de llamadas en inglés, pero tampoco tuve éxito.

La desesperanza llegó a ser tan grande que, durante aquella época, llegué a pensar en quitarme la vida. El futuro que vislumbraba parecía no ofrecerme ninguna salida.

A mi alrededor escuchaba historias de personas que habían conseguido empleos mediante favores políticos, pagos o influencias. También se hablaba de jóvenes que habían tenido que aceptar situaciones humillantes o indignas para acceder a una oportunidad laboral. Todo aquello hacía que el panorama resultara todavía más frustrante para alguien que había dedicado años a estudiar y que esperaba que su preparación fuera suficiente para abrirse camino.

Sin embargo, mientras buscaba trabajo, encontré refugio en las matemáticas.

Gracias a mi participación en grupos de geometría, muchos de ellos integrados por matemáticos asiáticos, comencé a sentir una verdadera obsesión por esta disciplina. Estudiaba constantemente, resolvía problemas y poco a poco fui adquiriendo experiencia. Llegó un momento en que empecé a producir y publicar mis propios descubrimientos.

En 2014 descubrí mi propia colección de círculos de Arquímedes (mira aquí, aquí, aquí y aquí) . El trabajo llegó a recibir atención de la prensa nacional y fue reseñado por Diario Libre. A pesar de aquello, yo continuaba desempleado.

Entonces decidí enviarle mis investigaciones al Dr. Paolo Lugano Poletti, quien había sido profesor mío. Sabía que tenía un doctorado y pensé que quizá podría comprender y apreciar el valor de lo que estaba haciendo. Tuve que ingeniármelas para hacerle llegar el trabajo, pero finalmente lo conseguí.

Unos días después recibí una llamada suya.

Me dijo que en la Universidad O&M necesitaban personas como yo. Gracias a esa llamada conseguí mi primer empleo como profesor de Cálculo Diferencial e Integral

En aquel momento ganaba muy poco dinero, una cantidad insuficiente para independizarme. Vivía en una habitación en casa de mi madrina y sabía que disponía de un tiempo limitado para encontrar mi propia vivienda. Aunque estaba agradecido por tener trabajo, continuaba preocupado por mi situación económica.

Entonces, una vez más, el Dr. Lugano Poletti intervino en mi vida.

De manera casi milagrosa, consiguió para mí otro trabajo como profesor de secundaria en el CEDI Bilingual School. A partir de ese momento, mi vida comenzó a cambiar. Por primera vez sentí que estaba recogiendo los frutos de todos los años que había dedicado al estudio. Volví a sentir esperanza. Puedo decir que fui feliz y que viví aquellos años con una enorme satisfacción.

Con el paso del tiempo continué investigando. Llegué a publicar trabajos en revistas internacionales como Forum Geometricorum, así como en publicaciones de la Mathematical Association of America, entre ellas The College Mathematics Journal y Mathematics Magazine. Algunos de mis descubrimientos fueron publicados en sus páginas y, en el caso de The College Mathematics Journal, uno de mis trabajos llegó incluso a ocupar la portada de la revista.

En 2022 logré generalizar una fórmula de Newton. Los medios de comunicación se hicieron eco de aquel resultado y, nuevamente, el Dr. Paolo Lugano Poletti encontró la manera de apoyarme. Consiguió para mí una ayuda económica destinada a subvencionar mis investigaciones.

No era una gran cantidad de dinero, pero para mí significaba muchísimo: por primera vez estaban pagándome por hacer aquello que verdaderamente me apasionaba.

Creo que nadie, absolutamente nadie, mostró tanto interés por mis investigaciones y por mi persona como el doctor Paolo Lugano Poletti. Y lo más extraordinario es que me ofreció aquella primera oportunidad cuando todavía no éramos amigos. No tenía ninguna obligación de ayudarme. Simplemente vio algo en mí y decidió tenderme la mano cuando más lo necesitaba.

Ayer, el Dr. Paolo Lugano Poletti falleció.

Al recibir la noticia no pude evitar llorar. Recordé cada una de las oportunidades que me brindó, cada gesto de generosidad y cada ocasión en la que confió en mí cuando mi propio futuro parecía incierto.

Hay personas que transforman nuestra vida mediante grandes discursos. Otras lo hacen con una sola llamada, una recomendación o una oportunidad ofrecida en el momento preciso. El Dr. Lugano Poletti hizo todo eso por mí. Su confianza cambió el rumbo de mi existencia.

Dondequiera que estés, quiero que sepas que reconozco lo grande que fuiste, la inmensa generosidad que demostraste y la extraordinaria persona que siempre fuiste.

Gracias por haber creído en mí.

Gracias por haberme ayudado cuando más lo necesitaba.

Gracias por haber valorado mi trabajo y mis sueños.

Descansa en paz, querido amigo, estimado colega y eterno maestro.

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